Las espirales se ahogan en los confines de la garganta. Un nudo que baja, con destreza, por el desfiladero. No hay ruta ni
sherpas que te acompañen. Sólo estás tú y un puñado de recuerdos que se agolpan en el almanaque del olvido.
¡Feliz viaje! –reza tu destino–
No olvides que hubo un último sueño que inició el sendero.
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| Fotografía de Alberto Pizarro Gómez |